“Tengo que aprender a gestionar mis emociones” es una de las frases que más escucho en consulta. Detrás suele haber una idea razonable pero que forma parte del problema: que las emociones son algo que hay que controlar o hacer desaparecer. A veces se viven como un desbordamiento que no se puede frenar; otras, como algo que conviene apagar para seguir funcionando.
El problema no suele ser que tengas demasiadas emociones. El problema es lo que haces con ellas, o lo que intentas hacer para que desaparezcan.
¿Te reconoces en alguno de estos?
Emociones que te desbordan y te llevan a reaccionar de formas de las que luego te arrepientes.
Intentar no sentir: tapar, distraerte o “tirar para adelante” sin mirar lo que pasa por dentro.
Juzgarte por lo que sientes: “no debería sentirme así”.
Rabia acumulada que acaba saliendo de golpe o volviéndose contra ti.
Dificultad para identificar o poner nombre a lo que sientes.
Evitar situaciones o conversaciones por miedo a lo que puedas sentir en ellas.
Por qué controlar las emociones no funciona
Las emociones cumplen una función: informan de lo que nos importa y nos preparan para actuar. Cuando intentamos suprimirlas, evitarlas o forzarnos a pensar en positivo, obtenemos alivio a corto plazo, pero la emoción no desaparece: recibe más atención, ocupa más espacio y aparece con más intensidad. Y juzgarse por sentir añade una segunda capa de sufrimiento sobre la primera.
El ciclo del control emocional: emoción difícil → intento de suprimirla o evitarla → alivio breve → la emoción vuelve con más fuerza → más esfuerzo por controlarla → menos espacio para vivir.
Relacionarse bien con las emociones no significa sentirse bien todo el tiempo. Significa poder sentir lo que aparece sin que eso decida por ti lo que haces.
El enfoque psicológico contextual
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y las terapias contextuales, el trabajo no consiste en aprender técnicas para controlar mejor lo que sientes, sino en cambiar la relación que tienes con tus emociones para que puedas actuar según lo que te importa.
¿Cuándo buscar apoyo profesional?
- Cuando las emociones te desbordan con frecuencia y afectan a tus relaciones o tu trabajo.
- Cuando te das cuenta de que dedicas mucha energía a no sentir.
- Cuando reaccionas de formas que no reflejan quién quieres ser.
- Cuando la forma en que manejas tus emociones te está alejando de personas o proyectos importantes.
¿Sientes que tus emociones deciden por ti?
En la primera consulta exploramos cómo te relacionas con lo que sientes y qué trabajo tiene más sentido para que tus emociones dejen de dirigir tu vida.
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